Pablo González Casanova
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Instituto de Investigaciones Sociales
Pablo González Casanova nació en la ciudad de Toluca, Estado de México, el 11 de abril de 1922. En 1943, a la edad de 21 años, ingresó al Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad (fundado en 1940), en calidad de investigador científico, puesto que ocupó hasta 1950 cuando se incorpora como becario a uno de los proyectos docentes más revolucionarios de la historia de la educación superior en el México contemporáneo: la Maestría en Ciencias Históricas. Se trataba de un proyecto conjunto de la Universidad Nacional Autónoma de México, la Escuela Nacional de Antropología y El Colegio de México, de donde se graduó con Magna Cum Laude en 1947.
Esta etapa de su primera formación marcará profundamente su actitud hacia la docencia y la formación superior. El contacto cotidiano con don Alfonso Reyes, quien creía más en los libros que en el pizarrón, abriría en don Pablo una actitud de búsqueda constante de nuevas formas de conocer y de enseñar a saber.
Esta actitud personal de disposición al cambio en los métodos y tradiciones de enseñanza, heredera de nuestro más genuino humanismo, que se volvió convicción en él y la ejerció al frente de las instituciones que dirigió.
Don Pablo, como director de la Escuela de Ciencias Políticas y Sociales (1957-1965), convirtió a la institución en una escuela moderna de ciencias sociales, con un programa de formación de profesores, promoviendo la salida de sus egresados a las instituciones de prestigio mundial e incorporándolos posteriormente; fomentó la presencia de intelectuales de reconocido prestigio internacional, quienes dictaban conferencias y daban cursos a profesores y alumnos.
Como director del Instituto de Investigaciones Sociales (1966-1970), inicia en la institución una segunda etapa caracterizada por la apertura de nuevos campos de investigación, dirigidos fundamentalmente hacia la problemática social y política contemporánea, así como hacia América Latina.
En ambas instituciones, la sociología y la ciencia política sustituyen a la etno-antropología y al derecho, como los ejes analíticos de la investigación social sobre México. En las dos instituciones, la dirección de Pablo González Casanova profesionalizó sus funciones.
Esta característica personal de promover la renovación de las instituciones que dirige, se confirma durante su rectorado de la Universidad Nacional Autónoma de México (1970-1972), posición desde la cual hace frente a la acrecentada demanda de educación superior, fruto de una sociedad en crecimiento y en constante diferenciación. En respuesta a esta sociedad cambiada, don Pablo crea el proyecto más ambicioso de educación media-superior, en donde el eje de la formación es la participación de los alumnos en los espacios donde se genera el debate del conocimiento. Este proyecto iniciado, pero no culminado, se llamó Colegio de Ciencias y Humanidades.
Pero del doctor González Casanova es, ante todo, un universitario, no sólo en el sentido institucional, sino en el de la visión del mundo; él asienta su base de conocimiento en una profunda convicción sobre la pluralidad como materia prima de la libertad y la creación. Esta convicción lo mantuvo firme para preservar a la Universidad del intento de las corporaciones sindicales de Estado por controlar los nacientes sindicatos universitarios, y de la presión que las cúpulas de la burocracia sindical ejercieron en la coalición gobernante para asentar su presencia en la Universidad.
La preservación de la autonomía universitaria y de su condición de pluralidad fue la constante de su rectorado y la constatación de su coherencia como hombre de valores universales.
Como universitario que ejerce la dirección de instituciones, y con la absoluta convicción de que ésta tiene su razón de ser en la autoridad intelectual, al dejar su rectorado da una vez más prueba de solidez y vocación intelectual. Hasta hoy, es el único rector de la Universidad Nacional Autónoma de México que renunció al sueldo vitalicio de Rector, y se ha incorporado a la vida académica cotidiana de la institución, tanto en seminarios de posgrado como en dirección de tesis y coordinación de equipos de jóvenes investigadores, además de su trabajo individual en el cubículo.
El doctor Pablo González Casanova inicia su obra intelectual desde muy joven. En su primera etapa desarrolla trabajos históricos de las ideas y de la cultura bajo la influencia de los grandes maestros hispanos de esa época en México: Gaos, Medina Echeverría. Esta época es la de textos como El misoneísmo y la modernidad cristiana en el siglo XVII (1948); Sátira anónima del siglo XVIII (1953); Una utopía de América (1953); La ideología americana sobre Inversiones extranjeras (1955) y La literatura perseguida en la crisis de la Colonia (1986).
Su formación sociológica se expresa claramente a partir del trabajo Estudios de técnica social (1958), para culminar en 1965 con la primer gran obra sociológica del México contemporáneo, La democracia en México.
Esta obra es, por una parte, la condensación intelectual y propositiva del México moderno post-revolucionario, sin dejar de ser un diálogo con la tradición crítica de la cultura mexicana. En el trabajo convergen la experiencia de libertad creativa del ensayo, propia de su primera formación, con la sistematización informativa y la formalización de la sociología clásica, adquirida en Francia.
Escrita La democracia en México, don Pablo volverá a la reflexión teórica en unir y venir de la abstracción a la realidad, movimiento perpetuo que ya para entonces era característico de su conducta intelectual: el análisis de la realidad social es también la reflexión de los recursos teórico-metodológicos con los que cuentan las disciplinas para reconstruirla y dar respuesta a los problemas centrales de la realidad de cada tiempo.
De este periodo son las obras: Las categorías del desarrollo económico y la investigación en ciencias sociales y La sociología de la explotación.
Esta obra teórica generó la necesidad de visualizar la dimensión continental y de problematizar las concepciones centrales que formaban el nudo del debate sobre la condición del continente latinoamericano.
Las dos grandes cosmovisiones sobre América Latina condensaron su propuesta en una categoría central: la primera, la de desarrollo, categoría que englobaba el proyecto de la CEPAL para dar salida al llamado atraso de América Latina, y la segunda, la de dependencia, categoría a partir de la cual se explicaba la condición del atraso en una visión genético-estructural. La contribución de González Casanova al doble debate tendrá una doble vía: la de la reflexión teórica y la de la reconstrucción histórica. De este momento son los libros: Sociología del desarrollo latinoamericano (una guía para su estudio) (1970) y América Latina en los años treinta (1977), ambos de carácter colectivo y coordinados por él.
Es a partir de estas dos últimas obras que don Pablo inicia una nueva etapa en su carrera intelectual latinoamericana: la de promotor de la cultura social e histórica de los pensadores latinoamericanos en el exilio. Representante de una tradición mexicana que concibe al país como espacio de libertad para los perseguidos por sus ideas en el mundo, abrirá las páginas de los libros, que formaban sus proyectos, a fin de dejar en ellos el testimonio de pluralidad ideológica y teórica, la de los intelectuales latinoamericanos. Fruto de esta coordinación son los trabajos: No intervención, autodeterminación y democracia en América Latina, México (1983); Cultura y creación intelectual en América Latina, México (1984); Hegemonía y creación intelectual en América Latina, México (1984); Hegemonía del pueblo y la lucha centroamericana, Costa Rica, (1984); Historia del movimiento obrero en América Latina, 4 tomos, México (1984-1985); Historia política de los campesinos latinoamericanos, 4 tomos, México (1984-1985).
La autoridad como latinoamericanista lo llevará a continuar la coordinación de proyectos de estudio sobre la región, que hacia mediados de los años 80 inicia su tránsito a la democratización. Los nuevos trabajos son: Los militares y la política en América Latina, México (1988) y El Estado en América Latina: teoría y práctica, México, (1990).
Paralela a la obra latinoamericana, el trabajo de don Pablo González Casanova tendrá tres matrices esenciales durante la década de los ochenta. La primera continúa la reflexión teórica en esta línea; se encuentra en los trabajos: La nueva metafísica y el socialismo, México (1984) y La falacia de la investigación en ciencias sociales y estudio de la técnica social, México (1977).
La otra área de la investigación realizada en la última década abordó los estudios de coyuntura que respondían a las necesidades del presente y a la contribución del debate sobre la nación. Entre estos temas destacan los trabajos de México hoy (1979), Las elecciones en México: evolución y perspectiva, México (1985), México ante la crisis, 2 tomos, México (1985-1986). Pero esta reflexión sobre los procesos políticos y sociales más importantes se hizo extensiva a la reflexión sobre estos mismos fenómenos en las entidades federativas, iniciándose un proyecto aún vigente en 1991 sobre las entidades federativas. Fruto de este esfuerzo son las obras colectivas: Elecciones de 1985 en las entidades federativas, México (1989), Primer Informe sobre la democracia: México 1988, México (1988) y El Segundo informe sobre la democracia: México el 6 de julio de 1988, México (1990). Este conjunto de trabajos colectivos significó una reflexión sobre la relación entre Estado-partidos y sistema político en la historia de México, reflexión que cristaliza en su libro, El Estado y los partidos políticos en México, México (1981).
El tercer objeto de análisis y de preocupación intelectual se centra en el estudio de los actores sociales y políticos, su interacción y su historia. En esta línea de análisis se encuentran la dirección de la obra colectiva de 17 volúmenes: La clase obrera en la historia de México, México (1980), colección que convoca al conjunto más importante de especialistas en el tema, y de la cual él es autor de un tomo En el primer Gobierno Constitucional (1917-1920), Volumen VI, México (1980).
En la década de los 80, el análisis de la clase obrera no sólo requería de su conocimiento histórico, de estudio de sus formas de presión orgánica y de desenmarañar su vinculación con el Estado. Esta era la parte que mostraba el curso de sus años hasta el arribo al presente, siendo su dominación uno de los soportes ideológicos del nacionalismo revolucionario, en su acepción económico desarrollista. Pero a mediados de los años 80, este modelo estaba ya en crisis y el debate giraba en torno a la internacionalización del país y su incorporación al GAIT, la que cambiaría sustantivamente las formas de reproducción social de los trabajadores mexicanos.
En la búsqueda de la respuesta a la incógnita: ¿cómo se encontraba la clase obrera en la crisis y en qué condiciones se incorporaría al proceso de internacionalización? el doctor González Casanova promueve una segunda obra colectiva. Esta obra de cinco tomos empezará a aparecer en 1984 y concluirá en 1985, bajo el título de El obrero mexicano.
En los dos últimos años, don Pablo vuelve con la tenacidad de siempre sobre dos de sus obsesiones primigenias: La Universidad y la crítica de la crítica; la primera como el espacio social en donde es, y la segunda como condición de seguir siendo. En el primer caso, convoca a un conjunto de universitarios a reflexionar sobre la universidad, convocatoria que cuaja en cuatro libros sobre el tema, publicados por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades de la Universidad Nacional y del cual es actualmente director. En el segundo caso, don Pablo inicia la reflexión teórica-crítica sobre el marxismo y la crisis del socialismo realmente existente. Este conjunto de ideas se hacen públicas en el discurso pronunciado en la Universidad de Guadalajara en marzo de 1991, con motivo del doctorado honoris causa que dicha Universidad le otorgó.
Huelga decir que no es el único doctorado honoris causa, que ha sido profesor invitado en muchas universidades de prestigio mundial, que ha escrito más de un centenar de artículos y ha participado en polémicas y que es un personaje polémico y todo aquello que se repite en un podium durante la presentación de un intelectual connotado. Eso no lo repetiremos aquí. Lo que remarcaremos, para finalizar, es que se trata de un hombre de ideas con convicciones, de un intelectual para quien el saber es una acepción de la libertad, y el no callar es un ejercicio responsable de ésta.
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